Gobierno, empresas y sociedad civil ¿tres sectores?

(Primera parte)

Hablar de sector público y sector privado suele ser ya parte de nuestra cotidianidad. Sin embargo, una vez que nos salimos del ámbito de las personas que trabajan de cerca con temáticas sociales (y aún a veces incluso dentro), referirnos a la sociedad civil en conversaciones con otros públicos hace evidente que es una expresión casi desconocida, o incluso con interpretaciones problemáticas; y es que “la definición misma del término sociedad civil resulta difícil. Es, todavía […], un concepto ambiguo y en permanente cambio y evolución.” (Aguilar, 2012).

Considero que la pretensión de encuadrar a la sociedad civil organizada como un tercer sector conlleva dificultades y limitaciones, ya que la práctica revela “un actor de suma complejidad. En el caso mexicano, es diversa y contradictoria: […] La sociedad civil es entonces promotora de diferentes proyectos de país: pro democrática y antidemocrática; progresista y conservadora, pro neoliberal y antineoliberal.” (Peralta, 2013).

A esto, debemos agregar el contexto de un entorno global donde las iniciativas innovadoras no se circunscriben a un país o un continente y donde los espacios de participación cívica se ven amenazados. Como respuesta, surgen nuevas prácticas organizativas que a su vez trascienden cualquier intento de corte limpio entre unas y otras.

Las fronteras se vuelven porosas entre lo que tradicionalmente hemos entendido como instituciones gubernamentales, empresas, academia y organizaciones civiles: asociaciones público-privadas, empresas paraestatales, bonos de impacto social, empresas sociales, proyectos productivos y alianzas intersectoriales se hacen cada vez más presentes en el espacio común.

Esto, a mi entender, exigirá una reconfiguración conceptual que integre no sólo las dimensiones del bien público y el interés privado, el origen y destino de los recursos, la producción y aplicación de conocimiento; la generación de riqueza y su distribución

Probablemente se vuelva indispensable generar posiciones más conscientes y explícitas respecto del sistema social y económico vigente, a partir del núcleo filosófico de cada organización; sus valores y propósitos, su concepción de la realidad y la propuesta que realiza frente a ésta. Así, crear nuevas formas de comunicarnos y relacionarnos, al servicio del desarrollo de nuestra comunidad y el pleno ejercicio de los derechos para todas y todos.

Ixánar Uriza Soto

Referencias:
Aguilar, Rubén (2012) La sociedad civil en México. México: Gobierno del Estado de Durango y Miguel Ángel Porrúa.
Peralta, Carlos. (2013). La cotidianidad de la democracia participativa: juntas de gobierno y consejos ciudadanos. México: Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO).

 

 

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6 Comments

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(:reply
noviembre 8, 2017 at 4:17 am

¿Para cuando la segunda parte? es un tema muy interesante.

Sabina Echeverrireply
noviembre 9, 2017 at 2:15 pm
– In reply to: (:

¡Qué bueno que te guste! Te sugerimos estar pendiente para finales de este mes, ¡saludos!

Anónimoreply
noviembre 9, 2017 at 6:59 am

¡Lo amé!

Sabina Echeverrireply
noviembre 9, 2017 at 3:41 pm
– In reply to: Anónimo

¡Pronto la segunda parte, qué bueno que te guste!

Refugioreply
noviembre 15, 2017 at 4:30 pm

Definitivamente la labor que se realiza desde la sociedad civil organizada hace que necesitemos diferenciarnos de sociedad en general, empresas y sector público, solo para identificarnos con precisión…. aunque es lamentable la visión que nuestro ejecutivo nacional (EPN) tiene de las Asociaciones Civiles al asegurar que solo molestamos y vemos la parte negativa de las acciones del gobierno. Interesante el tema.

Daniel Hernándezreply
noviembre 15, 2017 at 5:40 pm
– In reply to: Refugio

Refugio, agradecemos tus comentarios y te invitamos a que sigas participando en este foro. ¡Seguiremos trabajando hasta que la igualdad de oportunidades sea para todos!

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