La primera y más importante escuela es la comunidad.

En México, hace no tantos años, asistíamos a las escuelas con la seguridad de que recibiríamos los conocimientos necesarios para construirnos un mejor futuro. El profesor era respetado, nunca cuestionado y para muchos el modelo a seguir. La escuela era un punto de unión donde los padres de familia escuchaban lo que el maestro tenía que aportar sobre su hijo y sus consejos eran valorados.

Hoy en día nos encontramos con una escuela pública primaria con maestros sobre exigidos en su labor con dobles jornadas de trabajo, al frente de grupos de 40 niños y con pocas o nulas facilidades para hacer su labor adecuadamente.

Por otra parte, los padres de familia no enseñan a respetar al maestro y cuestionan su autoridad constantemente ante sus hijos. Además, en su mayoría los padres de familia –padre y madre cuando se cuenta con ambos- tienen trabajos de tiempo completo y en la práctica pasan muy poco tiempo con los hijos. Sobre este último punto, es importante resaltar que, según datos del INEGI, el 21% de los hogares durante 2015 era monoparental.[1]

La educación es una prioridad y se convierte en un reto urgente en nuestra sociedad, ya que México ha ocupado los últimos lugares en educación (lugar 56 de 70) cuando se le compara con otros países de la OCDE de acuerdo con el estudio PISA de 2015.[2]

En este contexto, la primera y más importante escuela es la comunidad, donde aprendemos los valores de solidaridad, respeto a la autoridad y trabajo en equipo; hoy en día ésta se encuentra resquebrajada. Es allí donde en Escuela en Comunidad  -iniciativa impulsada por Fundación Arancia y Corporativa de Fundaciones desde hace 7 años- apostamos por la educación aportando herramientas blandas en dos importantes líneas: hacer comunidad y calidad educativa.

Durante nuestra experiencia en más de 36 escuelas de Mesa Colorada hemos encontrado que los más agradecidos son los maestros y los padres de familia, quienes al trabajar en conjunto se vuelven un mismo equipo y dejan de estar enfrentados logrando que los más beneficiados sean los niños. Hemos visto como escuelas de diferentes turnos en el mismo inmueble dejan a un lado sus diferencias para trabajar en conjunto logrando que más recursos lleguen a las niñas y niños de ambos turnos.

En estos 7 años hemos visto comunidades que trabajan juntas para recuperar y reforestar un espacio público que había causado graves problemas de seguridad, también hemos presenciado como directores de planteles han cedido sus espaciosas oficinas para convertirlas en aulas de cómputo en beneficio de la escuela.

Estos ejemplos muestran que si nos unimos como comunidad podemos contribuir con un primer paso para salir del rezago educativo en donde nos encontramos, nos hacen reflexionar sobre la importancia de lo que sucede a nuestro alrededor, y que estos sucesos nos atañen como comunidad, nos importan y nos comprometemos con lo que podemos aportar. En resumen, la respuesta a muchos de nuestros problemas se encuentra en el fortalecimiento del tejido social.

Un segundo paso es exigir a las autoridades más apoyo y atención a la escuela, ya que a pesar de que la Secretaría de Educación es uno de los organismos a los que se destina el mayor porcentaje del gasto público federal –en 2016 fue de $685,575.9 millones de pesos- , la escuela sigue siendo el lugar más olvidado por la misma.[3]

Finalmente, es importante que en nuestra escuela se lleven a cabo los proyectos que en comunidad definimos como prioritarios y en este contexto cada uno de los participantes deben ser considerados como un actor importante que coopera con el director y los maestros conformando un solo equipo. Al lograr esta integración incrementamos la calidad educativa.

La escuela no sólo es ese inmueble donde van nuestros hijos a aprender, la escuela se vive y se experimenta en cada miembro de la comunidad: cada vez que cedemos un espacio, cooperamos con un trabajo, e incluimos a nuestros vecinos en proyectos, estamos haciendo escuela. Tenemos que promover la idea de que la escuela está en la sociedad y si ésta además está presente en el inmueble llamado del mismo nombre entonces el círculo del aprendizaje está completo.

Karla Hemuda Chimali

Maestra en Derecho Público por la Universidad Panamericana
Coordinadora General del Programa Escuela en Comunidad desde hace 6 años.

Para más información sobre el Programa Escuela en Comunidad visitar www.escuelaencomunidad.org

[1]  www.inegi.org.mx/saladeprensa/aproposito/2017. 2017, Visto el 18/01/2018.
[2]  https://www.oecd.org/pisa/PISA-2015-Mexico-ESP.pdf.. 2017, Visto el 18/01/2018.
[3] Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública de la Cámara de Diputados Reporte de investigación, núm. 9, octubre de 2015). 2015, Visto el 18/01/2018.
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5 Comments

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Marcelareply
enero 24 at 06:01 PM

Excelente articulo. Estoy de acuerdo con la importancia de integrar los distintos públicos para un mejor resultado. Felicidades por así hacerlo.

María Elena Mirandareply
enero 25 at 04:01 AM

Importante reflexión sobre el papel de la comunidad en la educación de los menores y en la conformación del bien común. Felicidades Karla.

Lilian Vivianreply
enero 25 at 03:01 PM

Si, de acuerdo todos somos parte de esta sociedad.
Es un círculo que si se hace girar en positivo será de mucho crecimiento para la comunidad en general. Karla felicidades por ese proyecto.

David Pérez Rulforeply
enero 26 at 04:01 PM

gran artículo Karla, felicidades.

Anónimoreply
marzo 05 at 07:03 PM

Que buena información y que bien documentada , felicidades por tan loable labor , sin duda esa es la pauta a seguir para tener un país más desarrollado ya que la educación integral es lo mejor para tener armonía y aprendizaje y por ende una superación en todos los estratos sociales , enhorabuena para todo el equipo ,!!! viva la educación !!!!…..muchas felicidades a karla !!….

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