Los costos de no prevenir la violencia.

De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS)[1] al día existen tres mil 800 muertes causadas por temas de violencia; esto da un total de 1.4 millones de personas que pierden la vida anualmente, sin contar el número de personas que sobreviven y sufren las consecuencias de lo vivido.

¿Es un tema de salud pública? Sí, lo es y muy grave. La violencia no sólo genera un número importante de muertes al año, sino que tiene efectos de largo plazo en las personas que la viven, como los trastornos mentales, depresión, intentos de suicidio, síndromes de dolor crónico, entre otros.

A nivel social genera efectos como la desintegración familiar, la pérdida de comunidad, el incremento de la desconfianza generalizada, así como una consecuencia más grave: se convierte en un círculo que genera más violencia.

Día con día nos enteramos de noticias que en muchas ocasiones nos asustan, pero que al tiempo empiezan a parecernos cotidianas e irrelevantes. La excesiva exposición a ese tipo de información nos lleva a justificar y a transportar la responsabilidad de las acciones a la propia víctima diciendo cosas como: “pero él/ella se lo buscó, era muy noche para andar en la calle”, “de seguro andaba en malos pasos” o “es que debió cuidarse más”.

Todos los días tratamos de convencernos de que esas cosas que escuchamos y leemos son “normales” y no de que existe un sistema y quizá una agenda creciente que está generando nuevos paradigmas y condiciones que propician los factores de riesgo que se traducen en diferentes actos.

Al hablar de violencia hablamos de muchos temas en diferentes escalas. Estamos ante la que existe en los hogares, en las escuelas, la que se da por cuestiones de género o por preferencias sexuales, así como los robos, los delitos, el secuestro y todos aquellos actos o situaciones que en general violentan la supervivencia, pero que sobre todo atropellan la dignidad de cualquier ser humano. Cada una de ellas se vuelve una expresión denunciable para la cual, como sociedad, tendemos a silenciar a la víctima en lugar de escucharla y prevenir que se genere más.

¿Qué importancia tiene la prevención en un panorama como este? Si bien durante décadas se han enfocado los esfuerzos de gobierno, organizaciones, universidades y hasta empresarios en atender la violencia, es momento ya de pensar en prevenir.

Atender la violencia es importante en el sentido de apoyar a la víctima, hacer justicia y en la medida de lo posible restaurar el daño; sin embargo, prevenir consiste en que no existan más víctimas, en no permitir que haya más delitos y trabajar porque la dignidad de una persona no se vea alterada por un acto violento.

Prevenir es visualizar las acciones que a futuro nos ayudarán a construir un escenario diferente al que tenemos ahora. Prevenir es complementar la otra parte de atender la violencia y trabajar en cambiar lo que es deseable que cambie.

En México no estamos del todo acostumbrados a la cultura de la prevención. En un ejemplo simple y quizá burdo, prevenir es ir al doctor sin siquiera haber caído en cama. No es común que alguien se cuide de algo cuando no le ha pasado nada; sin embargo, de eso se trata la prevención, de tomar las medidas necesarias para no enfermar o en su defecto para no enfermar más.

Pero la pregunta que nos trajo aquí es ¿Y qué riesgo tiene el no prevenir la violencia? En mi particular punto de vista el riesgo más grande es el de legitimar que la violencia se puede combatir con más violencia. Es decir, si no nos enfocamos en cambiar los paradigmas que la originan y hasta la forma en actualmente se atiende, vamos a perpetuar que existan leyes que mantengan de manera indefinida la actividad de las fuerzas armadas en la lucha contra la delincuencia, provocando que el choque entre “buenos” y “malos” genere mayor número de muertes, violación a los derechos humanos y desestabilidad social.

En este tema de prevenir es necesario entrarle desde gobierno y organizaciones hasta universidades, activistas empresarios y ciudadanos, o sea todos, para que de manera coordinada y estratégica podamos enfocarnos en prevenir y en la medida de lo posible no a combatir.

Crear entonces una agenda mínima que logre una mirada integral de atención a todos los públicos y todos los temas, escalando poco a poco en sus acciones e incluyendo a diferentes actores será una misión que habrá que cumplir por el bien de esta y de las siguientes generaciones.

 

[1] http://www.who.int/features/factfiles/violence/es/

Francisco Franco Gabriel

Licenciado en Estudios Políticos y Gobierno por la Universidad de Guadalajara
Coordinador del Proyecto de Fortalecimiento del Sistema Local de Prevención

 

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