Para hablar de la pobreza

La organización internacional Oxfam[1] hace una distinción entre las causas y los factores alrededor de la pobreza. Mientras que las primeras explican su origen, los segundos señalan las condiciones que la perpetúan. Con esto en mente, se sabe que las causas de la pobreza y la desigualdad contemporánea tienen una base histórica[2] construida durante los periodos colonialistas en las regiones de América Latina y África principalmente, en donde incluso existían sociedades enteras más prósperas y con mejores perspectivas de desarrollo que sus propios conquistadores del norte.

Por otra parte, se sabe que los principales factores que sostienen la pobreza en el mundo, tal como lo señala Oxfam, son el actual modelo comercial multinacional, la corrupción, el cambio climático, las epidemias, la desigualdad en el reparto de los recursos, el crecimiento de la población, los conflictos armados, la discriminación por género, el desperdicio de alimentos, el desinterés de los países ricos por erradicar la pobreza del mundo a manera de mantener el status quo. Otros también hablan sobre el determinismo de la lotería del nacimiento y como este hecho afecta a millones de personas alrededor del mundo, condenándolos irremediablemente a una vida precarizada.

En el contexto de la pobreza, usamos conceptos como marginación y exclusión social, en muchas ocasiones de forma indistinta o como sinónimos, para referirnos a aquellas personas que se encuentran fuera del “bienestar” que ha traído consigo el llamado progreso. O como señala Townsend (1979)[3] cuando los individuos, familias o comunidades carecen de los recursos suficientes para obtener aquello que les permita participar en las actividades de una sociedad de acuerdo a sus propias costumbres.

Otro concepto que usamos de forma indistinta es el de vulnerabilidad, como si algunos estuviéramos exentos del riesgo de caer en la pobreza en la que vive una inmensa mayoría. Sin embargo, ante los factores arriba mencionados, aunados a otros como la precarización laboral, la falta de seguridad social (en México casi 70 millones de personas carecemos de esta) y las catástrofes naturales, irremediablemente todos, estemos de acuerdo o no, seamos conscientes o no, nos encontramos en riesgo.

Sin embargo el uso de estos conceptos ó etiquetas es cuestionable cuando al utilizarlos reproducimos el estigma social y los estereotipos alrededor de la pobreza. Un ejemplo es la criminalización de forma parcial y simplista de las personas que viven bajo esta condición. Al hacerlo, perdemos de vista la responsabilidad del propio Estado y otros actores, como el sector privado, frente a estas situaciones estructurales, reduciendo los problemas a una mera condición humana. Como lo afirma García Hernández[4], el individuo “es casi responsable de su pobreza porque se invisibilizan los procesos (insisto estructurales) que lo llevan a vivir en esta condición.”

En ese sentido Rogelio Marcial[5], investigador de la Universidad de Guadalajara, explica que pensar en lo marginal nos hace creer que las desventajas sociales a las que se enfrentan las personas tienen su origen en “cualidades propias ó familiares”, las cuales contienen aspectos negativos que provocan el rechazo del resto de la sociedad. De esta manera, las personas son merecedoras de “castigos” que son reflejados en el no acceso al beneficio social. A partir de estas ideas segregacionistas, que invisibilizan lo que la misma sociedad ha construido, se pierde de vista la concepción de ciudadanía y el carácter inalienable e intransferible que los derechos humanos suponen para las personas. Incluso, Marcial sugiere que emergen ideologías en torno a la atención de las “necesidades” (no derechos) de los sectores marginados que se conciben como “favores” ó “dádivas” del Estado y otros actores hacia la población para salvaguardar las conciencias. En parte esto explicaría la perspectiva asistencial que predomina en la mayoría de las políticas y programas sociales públicos y privados en nuestro país. El autor explica, que al mismo tiempo esta perspectiva pierde de vista la potencia de las personas quienes, aún en medio de estas circunstancias de adversidad, plantean sus expresiones y estilos de vida reafirmando su legítimo derecho a la igualdad como ciudadanos. Por tanto, sería más correcto hablar de inclusión social desigual, ya que al hacerlo no contribuimos al problema, afirmando que nadie se encuentra, o debería encontrarse, fuera de la sociedad y el bienestar que esta debe garantizar.

Pero más allá de todos estos conceptos, la discusión académica, la economía, las políticas y los planes de desarrollo, están las personas y sus biografías. La manera en como resolvemos la vida en medio de estos contextos de pobreza y de condiciones extremas de vida, se constituye en otra forma de entender la problemática.

Por ejemplo, Mullainathan y Shafir[6], investigadores de la pobreza desde la psicología y la economía, señalan como en aquellos entornos de “escasez”, refiriéndose no solamente a los recursos económicos sino a otros como la falta de tiempo, la perspectiva de las personas sufre un ajuste necesario para poder enfrentarla. Ellos la nombran “visión de túnel” y la describen como ese juego en el que al enrollar una hoja de papel, a manera de telescopio, miramos al mundo que nos rodea. Al hacerlo logramos un efecto de enfoque muy preciso en ciertos detalles del paisaje, sin embargo el costo de esto queda de manifiesto al perder de vista el resto de la escena. En el ejemplo de las personas que viven en pobreza, esta visión de túnel se expresa cuando, a manera de estrategia, logran un extraordinario enfoque en situaciones urgentes e inmediatas como resolver el hambre de los niños a través del consumo de alimentos con un alto contenido de carbohidratos. Aunque esta acción sacia la necesidad inmediata, en el largo plazo el alto costo de la obesidad o diabetes cobrará la factura.

Este ejemplo de las estrategias que surgen en el contexto de la pobreza es una muestra de la enorme potencialidad de las personas en medio de circunstancias estructurales que parece que nos oprimen y que no tenemos oportunidad ante ellas. En el documental Living on one dollar[7], estudiantes norteamericanos de Desarrollo Internacional realizan una investigación sobre la pobreza en el contexto rural de Guatemala. En el filme los alumnos realizan una investigación antropológica que consiste en que durante 56 días ellos vivirán con un dólar al día (métrica internacional de la pobreza impuesta desde una perspectiva economicista desde los organismos internacionales) para entender los significados, las complejidades y las tensiones de las personas alrededor de esta problemática. A lo largo de la cinta tratan de explicar como es el mundo de vida de las personas en estas circunstancias y nos muestran algunos ejemplos de las estrategias que las personas utilizan para lidiar con la pobreza. Por ejemplo, el uso de manteca para cocinar y poder cubrir las necesidades calóricas que requerimos las personas ó las redes de apoyo en la comunidad. Incluso otras estrategias como la organización de tandas para fomentar el ahorro, que en el contexto de los alumnos extranjeros generan admiración y sorpresa, en nuestro contexto nos dejan ver la enorme cercanía de los protagonistas con nosotros mismos. Sin embargo el documental también nos deja entrever otros elementos para analizar y para desmontar nuestras propias creencias y supuestos alrededor de la pobreza. Por ejemplo, utilizando fotografías los alumnos documentan el proceso de deterioro físico que experimentan a lo largo del proyecto. En una de las escenas uno de ellos narra como la alimentación inadecuada en medio de las carencias económicas provoca un permanente estado de aletargamiento en él. En otra escena nos narran el enorme esfuerzo físico que supone el trabajo en estos contextos. En otra escena, uno de los estudiantes enferma debido al consumo de agua no potable y ante la carencia económica se cuestiona el enorme riesgo de enfrentar enfermedades, incluso aquellas que en teoría hemos superado gracias al “progreso”. En otra escena se cuestiona, entre líneas, la perspectiva abolicionista alrededor del trabajo infantil reconociéndola como una estrategia más de supervivencia.

Todos estos ejemplos ayudan a desmontar ideologías simplistas del estilo “el pobre es pobre porque quiere” ó “el pobre es pobre por huevón”. Al final no se trata de ellos y nosotros sino de romper nuestras propias burbujas de realidad o superar nuestros propios mundos de vida para comprehender mejor la pobreza. Como dice uno de los protagonistas en la escena final del filme “nosotros estamos luchando de como superar nuestras propias vidas, pero también estamos luchando de cómo sobrevivir”. Y ¿qué acaso esa no es la lucha de todas y todos?

 

Gabriel León Barragán

Maestro en Gestión y Desarrollo Social por parte de la Universidad de Guadalajara.
Grupo de Ayuda a Niños y Ancianos A. C.

Director de Investigación y Comunicación en Mayama A.C.

[1]https://blog.oxfamintermon.org/las-causas-de-la-pobreza-en-el-mundo/
[2] Video Why poverty? https://m.youtube.com/watch?v=AOiGIkttb4Y
[3] Townsend, Peter (1979). Poverty in the United Kingdom: A survey of household resources and standards of living. University of California Press
[4] García Hernández, Gloria Elizabeth. Un recorrido por los conceptos de pobreza, marginación, exclusión social y vulnerabilidad
[5] Marcial Vázquez, Rogelio (2012). De la exclusión a la inclusión: un paso necesario. Universidad de Guadalajara. Sistema de Universidad Virtual.
[6] Mullainathan, Sendhil y Shafir, Eldar (2016). Escasez: ¿Por qué tener poco significa tanto? Fondo Cultura Económico. México, DF.
[7] Living on one dollar (2013). Indieflix & Living on one. www.livingononedollar.org

 

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