Seguridad entre nosotras.

La situación actual de nuestra comunidad, de nuestro país y nuestro mundo en torno a cuestiones de género es muy compleja. Las mujeres, por el simple hecho de ser mujeres, tenemos más probabilidades de vivir situaciones de violencia que los hombres, y no es normal que nos parezca normal.

La violencia contra las mujeres y niñas es una falta grave a los derechos humanos, y nos afecta a todos y todas. Según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares del INEGI, en Jalisco, tres cuartas partes de la población femenina de 15 años o más (el 74%) han sufrido al menos un incidente de violencia emocional, económica, física, sexual o discriminación a lo largo de su vida, en al menos un ámbito y ejercida por cualquier agresor, siendo la tercera tasa más alta de violencia contra la mujer a nivel nacional, después de la Ciudad de México y el Estado de México.

Eventos recientes, que no tienen que ver con acciones y decisiones propias, me llevaron a experimentar un alto grado de ansiedad e inseguridad en las últimas semanas; jamás imaginé llegar a vivir una situación de acoso, directamente en mi lugar de trabajo, por parte de una persona externa, alguien que ni siquiera conozco. Hoy me doy cuenta que no soy la única ni estoy sola en esta situación.

Pensé para mis adentros que hoy, a mi edad, justo cuando he logrado sentirme libre, tranquila y segura; viene alguien y decide lo contrario, por la razón que sea… ¿cómo puede un extraño decidir sobre mi propia vida, sobre mi integridad física, sexual o psicológica, sobre cómo me siento con respecto a mi entorno? Los eventos y los motivos, hoy, son irrelevantes. Pero en ese momento, en cuestión de minutos, perdí la paz, sentí que a partir de ese día y para siempre, viviría con terror e incertidumbre, una sensación de vulnerabilidad extrema, una condena muy pesada. Imaginé los peores escenarios, me sentí avergonzada, señalada e incluso culpable.

A pesar del miedo que sentía y la total ignorancia sobre cómo afrontar tan inesperada situación, decidí levantar una denuncia, gracias a la intervención y recomendación de personas a mi alrededor y de los mismos agentes de la policía municipal. ¿Cómo una denuncia? Afortunadamente no me sucedió nada grave, yo no había sufrido ninguna agresión física, verbal ni sexual… pero sí psicológica, lo suficientemente fuerte como para tener pesadillas y no atreverme a salir sola a la calle. Al mismo tiempo, sentía que exageraba la situación y que, comparada a otras historias, la mía no merecía ese tipo de acción ni de atención. Sin embargo, me arme de valor para visibilizar un caso de violencia que afecta directamente a mi seguridad personal.

Me presenté en el Instituto Jalisciense de la Mujer, en donde me recibió un equipo de 3 mujeres para apoyarme de forma psicológica y legal. Me escucharon con total empatía y sin minimizar mi experiencia, me escoltaron al Centro de Justicia para las Mujeres en donde se atienden y denuncian delitos relacionados con violencia de género. Éste centro se mantiene abierto todos los días del año, las 24 horas del día. El levantamiento de mi denuncia consistió en describir por escrito de forma exhaustiva hasta el más mínimo detalle de cada lugar, hecho, persona involucrada en el “suceso”, con la ayuda de un abogado, para relatar los hechos de forma precisa.

El resultado fue el siguiente: puesto que no existe delito que perseguir e investigar (ningún tipo de agresión física, verbal ni sexual), el Ministerio Público se abstiene de tomar acciones, no puede actuar en anticipación y por lo tanto mi declaración fue guardada en una carpeta de investigación como archivo que “pudiera ser enriquecido con futuros nuevos eventos”. Si hubiese procedido, hubiera podido solicitar una orden de restricción, lo que permitiría mantener al denunciado alejado de mi persona en todo momento y tener la posibilidad de alertar a las autoridades para que pudieran intervenir y arrestarlo, en caso de ser necesario. Resulta difícil entender dicha decisión, el hecho de que deba existir el precedente de una agresión para poder solicitar dicha orden. Muchas mujeres no tienen ni siquiera una segunda oportunidad.

Sin embargo, hoy, gracias a las acciones emprendidas, a una red de apoyo, al acompañamiento de un grupo de mujeres profesionales y entregadas con gran pasión a su trabajo, que no se rinden a pesar de enfrentarse cotidianamente a miles de trabas y procesos burocráticos, que luchan todos los días por visibilizar y denunciar la situación de tantas otras mujeres a las que la violencia enmudece, silencia y mata, YO me siento más segura, más tranquila y empoderada.

A partir de esta experiencia, puedo afirmar que:

  1. El acoso y cualquier problemática relacionada con la violencia de género tiene que ver con los roles tradicionales que atribuimos a hombres y mujeres, de los que somos todas y todos de alguna forma responsables.
  2. Soy afortunada en poder tomar acciones preventivas. Muchas mujeres viven envueltas en círculos profundos de violencia de los cuales les es muy difícil salir; no debemos esperar a que suceda algo grave para hacer algo al respecto.
  3. Existen grandes carencias que tienen que ver con una pobre o nula sensibilización en torno a la perspectiva de género, dentro de procesos y procedimientos que pueden ser muy crueles, poco dignos y en los que se victimiza a la mujer.
  4. Muchas veces el mismo proceso puede ser largo y tedioso, y el hecho de que exista la posibilidad de que no llegue a una acción penal o de protección, hace que muchas mujeres desistan en levantar una denuncia.
  5. Denunciar EMPODERA. Saber que se puede hacer algo con respecto a una situación ayuda a sentirse más segura, apoyada y acompañada, saber que existen redes de apoyo y mujeres dispuestas a acompañar el proceso de forma segura y empática.

Vivir acoso o cualquier otro tipo de violencia en carne propia no debe ser la única forma de sensibilizarse en torno a esta grave problemática. Esta experiencia generó un fuerte compromiso conmigo misma y también con todas las personas que han vivido situaciones similares. Hoy decido sumarme a las iniciativas y a los grupos que defienden a la mujer en su integridad, sin juzgarla y victimizarla.

Decido denunciar y alentar a hacerlo, para que este tipo de eventos no queden impunes y volvamos a sentirnos libres y seguras, evitando también que se sigan normalizando este tipo de violencias. Decido promover la sororidad, la unión y solidaridad entre mujeres para formar una base de confianza, seguridad, protección e integridad entre nosotras.

Comparto algunos recursos que pueden prevenir una incidencia y protegernos:

  1. Código Rosa apoya a las mujeres en riesgo que cuenten con una orden de protección para que puedan solicitar atención directa y visita domiciliaria, atención psicológica de emergencia, orientación jurídica, coordinación con el centro de justicia, transporte de emergencia, redes de apoyo, pláticas y sesiones de terapia, sesión informativas y seguimiento de trabajo social principalmente.
  2. También existe una aplicación para teléfono celular llamada #NiUnaMenos en donde se puede denunciar una situación de riesgo a una red de contactos predeterminada, compartiendo ubicación en tiempo real.
  3. Centro de Justicia para Mujeres, donde se denuncia y atiende a mujeres que sufren violencia. Se encuentra en calle Álvaro Álcazar #5869 Col. Jardínes Alcalde Tel. 3030 5450.

 

Sabina Echeverri Chollet

Lic. en Diseño Integral por el ITESO
Directora de Inversión y Posicionamiento en Corporativa de Fundaciones, A.C.

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2 Comments

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Anónimoreply
diciembre 12, 2018 at 4:44 pm

Muchas felicidades Sabina! Gracias por compartir tu experiencia ya que al hacerlo será de mucha ayuda para quienes en estos momentos están pasando por una situación similar.

Karla Hemudareply
diciembre 12, 2018 at 4:46 pm

Muchas felicidades Sabina! Gracias por compartir tu experiencia ya que al hacerlo será de mucha ayuda para quienes en estos momentos están pasando por una situación similar.

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