El adiós al Instituto Jalisciense de Asistencia Social.

Se ha comentado en los medios de comunicación que Enrique Alfaro, Gobernador de Jalisco, ante la reestructuración de las secretarías y los diferentes órganos de gobierno, pidió al Congreso la desaparición de algunas dependencias, entre ellas el Instituto Jalisciense de Asistencia Social (IJAS).

Podemos partir de mencionar que el IJAS tenía una larga historia, misma que daba cuenta de una forma de ser y atender algunos temas sociales en la entidad, porque la asistencia, ha tenido un lugar relevante en Jalisco. Se puede mencionar que a principios del siglo XX se institucionalizó la asistencia social en Jalisco y se reguló la participación pública de personas y agrupaciones a partir de la Ley Orgánica de la Beneficencia Privada. Posteriormente en 1940 se constituyó el Departamento de Asistencia Social y en 1944 se creó la Ley del Patronato de Asistencia Social. Años más tarde, en 1959, los diputados dieron vida al Instituto Jalisciense de Asistencia Social (IJAS), organismo público que en ese entonces realizaba y coordinaba las labores de asistencia. Entre sus funciones se mencionaba: “encauzar por vías institucionales las manifestaciones de solidaridad o asistencia de las instituciones privadas y de los particulares”. Puede decirse que hasta los años ochenta, el IJAS solamente interactuaba con organizaciones asistenciales (casas hogar de menores, atención de ancianos, indigentes y minusválidos, entre otras), sin embargo, fue alrededor de los años noventa, ante el crecimiento y trascendencia de las organizaciones dedicadas a impulsar el desarrollo comunitario, que abrió sus puertas al reconocimiento y al registro de algunas de estas organizaciones, y poco a poco se fue abriendo a la vinculación con organizaciones que atienden otros temas y problemas sociales.

A sabiendas de que existen organizaciones civiles a favor y otras muy críticas, del trabajo realizado por el IJAS, debe reconocerse que durante casi 60 años fue un referente en la interacción entre agrupaciones y diferentes gobiernos de Jalisco.

A pesar de esta historia, su desaparición no se da (por lo menos no es tan evidente), a partir de una evaluación en su desempeño (logros o fracasos), como instancia articuladora o coordinadora de los esfuerzos de las organizaciones civiles en relación a atender problemas sociales. La desaparición del IJAS se genera, por lo menos es la argumentación más evidente, porque para el nuevo gobierno, se le considera una instancia costosa y conflictiva. En los medios de comunicación se observa que uno de los argumentos expuestos en la iniciativa planteada por el Ejecutivo estatal, al Congreso, es que el IJAS está rebasado y dejó de funcionar como se debe. Para sustentar el argumento se aporta la siguiente información: “En 2018, el IJAS tuvo un subsidio del estado de 49.8 millones de pesos (mdp), de los cuales sólo otorgó 8.8 mdp para apoyar a las asociaciones civiles reconocidas por el instituto, el resto se destinó a servicios generales. En todo el año tuvo un ingreso acumulado de recursos propios de 105.2 mdp y egresos de aproximadamente 116.6 mdp, mientras que su gasto de nómina representa 100.4 mdp (incluyendo remuneraciones adicionales), es decir, no alcanza para autosolventarse” [1].

Pero la desaparición del IJAS también debería llevarnos a reflexionar de manera más profunda, la pregunta ¿cómo y de qué manera debe darse la relación gobiernos/sociedad civil para aportar de manera efectiva en la calidad de vida de los jaliscienses?, sobre todo de los grupos más necesitados.

En los medios de comunicación se menciona ya la creación de la subsecretaría para el desarrollo y vinculación de las organizaciones de la sociedad civil, que dependería de la Secretaría del Sistema de Asistencia Social. Ojalá y esta instancia inicie su actuar a partir de un diagnóstico, porque no se trata de inventar el hilo negro, y tampoco de continuar con modelos que no responden a las necesidades de las organizaciones, se trata de aprender de la historia para cambiar el presente. El nuevo gobierno está (y en general estamos todos), ante la oportunidad de romper inercias negativas y revolucionar en forma positiva la colaboración entre organizaciones y gobiernos en Jalisco, ¿Podemos aprovechar esta oportunidad?

 

 

Dr. Carlos Armando Peralta Varela

Profesor investigador del Departamento de Estudios Socio Políticos y Jurídicos del ITESO.
Miembro del Consejo de Corporativa de Fundaciones

[1] Tomado de la nota periodística escrita por Martha Hernández Fuentes y Jessica Pilar Pérez, que aparece en el Diario NTR, el 22 de Enero de 2019, con el título: Apuestan a eliminar Instituto de la Mujer.

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1 Comment

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Patricia Rosasreply
febrero 20, 2019 at 3:57 pm

Creo que está siendo un error que desaparezcan este tipo de instancias que ayudan a asociaciones, fundaciones o sociedades que están apoyando a una parte muy importante de la población que son más vulnerables; me queda claro que si se presenta el mal uso de los recursos que se asignan, se debería corregir esto pero no se justifica el cierre de los servicios que venía realizando el IJAS ya que dejan a parte de la población sin apoyo.

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