Lenguaje para construir en comunidad

Quienes trabajamos en el sector de la sociedad civil, con o sin remuneración, en general tenemos buenas intenciones y buscamos soluciones a los problemas sociales. Sin embargo, éstas no siempre funcionan para todas las personas y a veces, las buenas intenciones no son suficiente para resolver problemas complejos. Con esto no quiero decir que el sector no sirva, sino que es importante analizar lo que hacemos y cómo lo hacemos.

De acuerdo con Pierre Bourdieu, las personas tenemos habilidades, hábitos y disposiciones arraigadas que dependen de la educación que recibimos, así como de nuestras experiencias de vida y éstas definen nuestra posición en el ámbito social y la forma en la que nos relacionamos—agencia. Paulo Freire en su obra, Pedagogía del Oprimido, propone dos tipos de posiciones sociales: llama opresores a quienes se benefician del sistema desigual y oprimidos quienes son víctimas de éste. Desde esta perspectiva, las personas socialmente privilegiadas que decidimos trabajar por la justicia social, al beneficiarnos de un sistema social desigual en lo personal, nos aproximamos al sector con una disposición por preservar dicho sistema y, por lo tanto, reforzar los mismos sistemas de opresión que provocan los problemas sociales que buscamos resolver.

Freire también argumenta que la palabra tiene dos dimensiones: la reflexión y la praxis; por lo tanto, no hay palabra sin acción y hablar (o escribir) es transformar al mundo. Por lo tanto, es importante no sólo analizar lo que hacemos, sino lo que decimos. El privilegio está presente en el lenguaje que usamos todos los días y reflexionar al respecto es el primer paso para transformar al sector. Para iniciar esta importante conversación, presentaré algunas palabras para reflexionar y algunas sugerencias para continuar con este diálogo.

Cuando nos referimos a un proyecto o programa que busca resolver un problema social, en ocasiones usamos la palabra intervención. ¿Qué significa intervención? en su definición original, intervenir significa “participar o actuar en un suceso, un acto o una actividad, especialmente en una parte de ellos o de forma entrometida”. Sí, de forma entrometida, porque un grupo de personas ajenas a la comunidad implementa una actividad donde propone resolver un problema desde su propio entendimiento, por lo que impone una sola perspectiva —la del opresor, en la mayoría de los casos—sobre un grupo de personas que experimentan a diario las consecuencias de dicho problema. Por suerte, este término ya no es tan común entre el lenguaje del sector, pero es importante reconocer su significado y cómo éste define la acción de las organizaciones de la sociedad civil.

Otra palabra de uso más común en el sector es “beneficiario” para referirnos a las personas con quienes trabajamos. En su definición, beneficiario (o beneficiaria) es aquella persona que obtiene un beneficio o provecho de determinada cosa; y beneficio es la mejora que experimenta una persona o una cosa gracias a algo que recibe o hace alguien más por ella. Desde mi punto de vista y bajo esta definición, una persona beneficiaria es aquella que recibe apoyo económico o en especie y, por lo tanto, no es una relación sino una transacción. Sin embargo, cuando usamos el término para definir a quienes reciben servicios o participan en actividades de nuestras organizaciones, asumimos que lo que estamos haciendo es otorgar un beneficio, lo cual descarta una relación y convierte a nuestra interacción en una transacción. En este caso, la palabra refleja la intención –no siempre consciente— de imponer una perspectiva sobre otra.

Este breve escrito es sólo el inicio de una amplia reflexión sobre el lenguaje y cómo éste determina nuestras acciones. Cuando nos aproximamos a la justicia social desde una posición de privilegio, es importante reflexionar sobre cómo lo que decimos y hacemos puede perpetuar los mismos sistemas que provocan los problemas que buscamos solucionar. Hace poco escuchaba a un grupo de activistas en un panel y una de ellas, Ludy Soderman, resumió esta reflexión con las siguientes palabras: “tenemos que ser valientes en no asumir que la forma en la que percibimos al mundo es universal.” Les invito a ser valientes, conversemos y construyamos en comunidad.

 

 

 

 

Tatiana Fraga Diez

Estudiante de Maestría en Liderazgo para Organizaciones de la Sociedad Civil, UPenn.
Facilitadora de procesos organizacionales y de liderazgo, Global Shaper – Monterrey Hub.

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