Llevando la filantropía al futuro, creando las redes que necesitamos.

Llevando la filantropía al futuro, creando las redes que necesitamos.

El pasado mes de mayo, la red internacional WINGS[1] convocó a diversas redes de fundaciones a un evento de aprendizaje entre pares con el título “Llevando la filantropía al futuro: creando las redes que necesitamos”, al que asistieron 70 representantes de organizaciones a lo largo de los cinco continentes. Esta reunión fue una ocasión para dar cuenta de las realidades tan complejas que vive cada comunidad; y que sin perder de vista sus particularidades, tenemos muchos más retos en común de lo que se pudiera apreciar de inicio: la necesidad de reforzar la transparencia tanto de organizaciones como gobiernos y con ello la confianza hacia éstos; así como la preocupante contracción del espacio civil y democrático en los países, con independencia de la ideología política de sus gobiernos.

La conversación principal giró en torno a cómo debería ser el trabajo en red del futuro y hacia dónde tendríamos que ir caminando las organizaciones de la sociedad civil para construir un mundo más sostenible y más justo. Para Comunalia, la Alianza de Fundaciones Comunitarias de México, significó un espacio de desarrollo y afirmación de nuevos enfoques que sin duda enriquecerán nuestra práctica institucional. En el ánimo de compartir un poco de lo experimentado en esta reunión, hemos sistematizado los aprendizajes que a nuestro parecer son los más destacados:

Adoptar una perspectiva ecosistémica

“Es necesario un enfoque de ecosistema cuando los problemas son tan complejos que se requiere más de una organización para resolverlos. Existe un creciente reconocimiento […] de que es necesario trabajar en conjunto”, lo cual implica “mirar a las organizaciones, acciones y comportamientos como parte de un campo que está interconectado, más allá de la suma de acciones individuales”. (Knight, 2018).

Tomando como referencia la definición del ecosistema de innovación local propuesto por Hoffecker (2018), el ecosistema refiere a los ambientes dinámicos y complejos en los que interactúan una amplia gama de entidades, elementos, relaciones y condiciones. Es decir, “comunidades basadas en territorios conformadas por actores interactivos […] junto con la infraestructura y el entorno propicio que les permite crear, adoptar y difundir soluciones a los desafíos locales”.

Reconocer y afrontar las limitaciones conceptuales

Partiendo de que el concepto mismo de sociedad civil remite a una realidad heterogénea y plural (Peralta, 2016), se añade un nivel adicional de complejidad en un escenario global donde “la terminología varía entre países y no existe un conjunto de términos que cuenten con aplicabilidad universal” (WINGS, 2014).

Adicionalmente, “el modelo angloamericano de filantropía es inapropiado para las economías emergentes” (Knight, 2018). La manera en la que comunidades locales de todo el mundo
(y particularmente del sur global) manifiestan su solidaridad y subsidiariedad requieren su propio reconocimiento, por lo que no debieran limitarse en el intento de circunscribirlas al concepto de filantropía como si se tratara de una traducción inequívoca del inglés philanthropy.

Esta dinámica de cuestionamiento y evolución conceptual es un tema que nos acompaña permanentemente; más aún al considerar la tendencia de porosidad en las fronteras entre los sectores público, privado y la sociedad civil (Sánchez y Cabrera, 2018), así como la perspectiva funcional en el ecosistema en la que se reconoce que “la calidad de las funciones de soporte es más importante que quién las desempeña” (Knight, 2018).

Integrar las funciones de soporte a la infraestructura para la inversión social

“Asumir un pensamiento basado en el campo, en lugar de un pensamiento centrado en la organización requiere un paradigma colaborativo para lograr las metas del desarrollo que trascienden la competencia de una sola organización” (Knight, 2018). Un enfoque de ecosistema permite convivir en interdependencia, donde la diversidad que cada actor aporta es valiosa e indispensable, donde la competencia (sobre todo la de los recursos) se supera mediante la colaboración.

Para generar un ecosistema que permita el máximo desarrollo para la sociedad civil, es necesario un sistema de soporte en el que los diversos actores asuman funciones de producción y difusión de información, convocatoria de grupos amplios alrededor de temas comunes, incidencia y formación.

Esta infraestructura de soporte convive con las organizaciones de base y les facilita recursos y herramientas para que puedan ser más efectivas; las funciones pueden ser desempeñadas tanto por organizaciones como fundaciones y redes, pero también por universidades, centros de investigación y dependencias gubernamentales.

Modernizar la gobernanza de las organizaciones

Solo cuando la comunidad se apropia de la organización es cuando existe auténtica gobernanza. Ésta debe ser representativa de los intereses de la comunidad, lo cual la legitima y robustece: somos menos vulnerables en conjunto.

Frente al impulso antidemocrático presente en algunos de nuestros países, la respuesta de las organizaciones, traducidas en sus prácticas, deben cuidarse de no resultar igualmente antidemocráticas. Es preciso que cada organización fortalezca su gobierno interno mediante una mayor capacidad de argumentación y diálogo; la generación de un espacio seguro para cuestionar y confrontar que permita abordar las situaciones más difíciles sin miedo a la ruptura.

Tecnología como herramienta de valor

La tecnología es una herramienta muy poderosa para las organizaciones de la sociedad civil, que tiene mucho potencial por aprovechar: invertir en tecnología, convertir los datos en historias, impulsar la actualización y entrenamiento digital; así como promover el acceso al internet y los derechos digitales. Por otro lado, es indispensable que las organizaciones mantengan una actitud vigilante frente a los riesgos a la seguridad y protección de la información.

 Impulsar la creación y fortalecimiento de redes formales

Una red debe prevenir el trabajo aislado y profundizar en los vínculos existentes, así como identificar liderazgos que no están vinculados actualmente y provocar el diálogo. Una mejor armonización del trabajo de varias organizaciones es especialmente útil para la incidencia, la sensibilización, la defensa de nuestros derechos como organizaciones, entre otras. Facilita el acceso a tomadores de decisiones, permite ampliar la capacidad de adaptación, la rápida diseminación de información y la resiliencia.

Participar en una red inspira y hace sentir a la gente que cuenta con el apoyo de otros actores. Entre semejantes generamos una capacidad de empatía única y muy necesaria frente al continuo desgaste que genera de manera particular en las personas el trabajar en la sociedad civil.

Los principios para el pensamiento y acción en red propuestos por Ogden (S/F)[2] son:

  1. Primero dar, no tomar: la clave de la generatividad es la generosidad
  2. La contribución en sí misma es más relevante que quién la hace: las mejores ideas pueden venir de cualquier persona, no sólo de quienes tengan más antigüedad o más títulos y certificaciones.
  3. Abrazar la complejidad y dejar circular los recursos: tomemos como referencia las economías en las que la acumulación desmedida genera patrones de exclusión, opresión e inequidad.
  4. Resiliencia y redundancia en lugar del estrellato: las redes y su actividad deben de sustentarse en la riqueza de las interconexiones de forma que, si un nodo se retira, la red se puede adaptar y continuar.
  5. Mirar más allá del núcleo: los actores que se encuentran en los límites proveen lecciones sobre adaptación, voluntad y habilidad para moverse y crear conexiones con otros espacios.
  6. Auto-organización en lugar de permisos: Los efectos de la red y la transformación provienen de diferentes experimentos, no de buscar una única solución correcta. Los impulsos de control en una red frenan su capacidad.
  7. Salir deliberadamente del aislamiento: Nuestro pensamiento y nuestras ideas se pueden beneficiar de los aportes de los demás. Aprovechar la virtualidad para superar el aislamiento físico.
  8. Pasar de ¿quién es el líder? A ¡nosotros lideramos!: el lenguaje de liderazgo centrado en el individuo, en mandar y controlar es absolutamente insuficiente para el mundo del presente: interconectado, cambiante y complejo. Es indispensable buscar formas organizativas donde más personas lideren y también sepan seguir. La confianza y la reciprocidad son valores fundamentales para lograrlo.

 

[1] WINGS es una red internacional de organizaciones y redes dedicadas a prestar soporte a la sociedad civil. Su propósito es fortalecer, promover y facilitar liderazgo en el desarrollo de la inversión social. Sus más de 120 miembros apoyan conjuntamente alrededor de 100,000 organizaciones civiles.

[2] Traducidos a español y adaptados para fines de sintetización.

 

Ixánar Uriza.

Directora Operativa de Corporativa de Fundaciones A.C.

Hoffecker, Elizabeth (2018). Why Cultivating Your Innovation Ecosystem Is Worth the Work. Stanford Social Innovation Review. Recuperado de https://ssir.org el 13 de mayo de 2019.

Knight, Barry (2018). What makes a strong ecosystem of support to philanthropy? WINGS. Recuperado de https://www.alliancemagazine.org el 13 de mayo de 2019.

Ogden, Curtis (S/F). Principles for Network Thinking and Action.

Peralta, Carlos (2016). Entre la asistencia y la incidencia. Corporativa de Fundaciones.

Sánchez, Gabriela y Cabrera, Raúl (2018). A contracorriente: El entorno de trabajo de las organizaciones de la sociedad civil en México. Editorial Mora.

WINGS, 2014. Infrastructure in focus: a global picture of organizations serving philanthropy. Recuperado de http://wings.issuelab.org el 13 de mayo de 2019.

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