¡Hasta las banquetas se pueden tirar para hacerlas nuevas y accesibles!

Llevo seis años colaborando en el Grupo de Ayuda a Niños y Ancianos A. C., en el Municipio de Chiquilistlán, un pueblito dentro de la región de la Sierra de Amula de Jalisco que comparte una triste realidad con los municipios cercanos y, sin duda también, con la rimbombante Área Metropolitana de Guadalajara. Me refiero concretamente al abandono de nuestros adultos mayores y de las personas con discapacidad. Quizá nuestra reacción inicial es defendernos –cada quien desde sus trincheras– ante tan “grave afirmación”. Unos podrán apelar a los programas de gobierno de ayuda alimentaria, pensiones, etc. Otros dirán que alguna vez han contribuido (con deducibilidad de impuestos), a través de instituciones que trabajan con estos grupos vulnerables. Los demás, apelarán a su gran corazón y amor por sus familiares donde hacen todo lo posible porque no les falten medicamentos ni servicios básicos.

Aún así, existen muchas personas que no tienen acceso a ninguno de los beneficios anteriores. Cuando nos referimos al apoyo de los grupos vulnerables, inmediatamente recurrimos al que se da por medio de despensas, dinero, medicamentos, citas médicas, prótesis, etc. El problema que quiero evidenciar tiene que ver más con el SER y la DIGNIDAD de nuestros adultos mayores y personas con alguna discapacidad, con su realidad diaria, familiar, de abuso o violencia, situaciones a las que no estamos prestando la debida atención:

“ Maestro, me siento desesperada y con muchos nervios. He querido ir a sus pláticas pero mi señor no lo permite. Él no quiere que salga de la casa y tengo el pendiente de que si voy a sus reuniones me deje encerrada de nuevo todo un mes como lo hizo la última vez”.

“Don Álvaro, ¡ya por fin le hice caso a usted! ¿Recuerda lo que nos ha dicho de que tenemos dignidad y que debemos ponernos bonitas y bien presentadas? Ya me revelé con mi señor y le dije que yo quiero tener dientes. Usted sabe que él siempre se opuso a eso porque dice que si me ven bonita lo voy a abandonar y entonces, ¿quién le va a “tortear”? Ya tengo un guardadito y la otra semana voy con el dentista. Mis hijos se oponen pero, ¡voy a ir aunque sea a escondidas!”

“¡Compañeras! Hoy les quiero compartir algo que nunca he podido contárselo a nadie, ni al cura porque me va a regañar. Yo no he sido feliz con mi esposo. Fui regalada de niña por mis padres y prácticamente violada desde que vivo con él. Me he sentido sucia, pecadora y hasta rara porque toda la vida me han dicho que ese es el hombre que me envió Dios. Y ahora que asisto a este grupo me entró la duda, porque si aquí me dicen que nací para ser feliz, ¿porqué no lo fui? Pero nunca es tarde y le dije a mi señor “¡ya basta, te sales de mi cuarto!        

“Don Álvaro, ¿por qué no hacen nada con las banquetas? Fíjese que ya me he caído tres veces con mis muletas, no puedo hacer los mandados y tengo que pedir ayuda. Usted sabe que vivo sola y no hay dinero para pagar a alguien que lo haga. Justo saliendo de casa, la banqueta tiene más de medio metro de alto y tengo que rodear toda la barda para poder salir a la calle. Al menos la calle es de piedra y no le hace que mis muletas se queden sin tapón de hule. ¿Cómo le hará la comadre que está en silla de ruedas?”

“Ay don Álvaro, otra noche sin dormir… eran las cuatro de la mañana y todavía seguían ahí los muchachitos. Parece que les gusta la esquina de mi casa pero llevan harta música y bebida, además me orinan la pared y al día siguiente me toca tallarla. Llamé a la policía y como que les da risa. Yo creo que son sus parientes. Mis hijos dicen que yo soy muy necia y que los deje en paz y me duerma. Pero don Álvaro, a mi edad cualquier cosa me despierta y no descanso bien.”

Estas son algunas de mis conversaciones con personas de la población que atendemos. Como sociedad nos hemos dedicado a “llenar estómagos” y hemos descuidado a un sector de la población que no pide ni más ni menos que atención igualitaria, respeto y dignidad. Cuando cuento en reuniones éstas historias, la respuesta de algunos es de asombro e inmediatamente me cuestionan o dicen que seguro exagero, porque no conozco bien a esas personas “enfadosas” que se quejan por todo.

La atención de todos los grupos sociales debe ser de manera integral, y es algo que todavía no hemos logrado. Los altos índices de violencia intra familiar son un referente importante, y aunque no podemos resolver el pasado, sí podemos prevenir y abonar al presente. Cada quién en su entorno puede ayudar y empezar por cambiar de actitud. Dicen que a un pueblo nadie lo cambia. Yo estoy totamente en contra de esa afirmación. ¡Claro que se cambia! Hasta las banquetas se pueden tirar y hacerlas nuevas y accesibles! Basta con que tengamos empatía y la sensibilidad que se necesita para ser la voz de los que no la tienen.

Álvaro Peña Cruz

Director de Desarrollo Social
Grupo de Ayuda a Niños y Ancianos A.C.

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2 Comments

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Lucia Salazar Montesreply
diciembre 4, 2019 at 2:50 pm

Es impresionante e indignante que sucedan aun esas situaciones de trato desigual e injusto y bien dicho, hay que abonar al presente y al futuro. Seamos concientes de ello primero y luego actuemos.

Vilreply
diciembre 6, 2019 at 1:12 pm

Vivo con mis padres, los tengo a mi cargo desde hace 6 años, trato de dotarlos de todas ls necesidades básicas de salud y La manutención se la proveen ellos con sus pensiones. No les falta de nada, diría cualquiera. Pero no sólo he tenido que lidiar con vecinos que no respetan que viven al lado de dos ancianos que les molesta y no los deja dormir el ruido, si no, peor, tratando de explicarles por qué sus hijos no los visitan a menudo… por qué nunca tienen tiempo, Por qué no los sacan tan siquiera a tomar el aire? Ellos, que tienen coche, que tienen medios…. porque yo, que además que no tengo ese tipo de medio, tengo que salir a trabajar por las tardes- noches para poder tener un poco más de holgura económica, dejándolos solos con el
Peligro que implica una caída, un fuego, un visitante indeseado, etc. Ahora no puedo imaginar el trabajo para conseguir lo básico en una comunidad sin recursos. Aplaudo las iniciativas con tal nivel de altruismo y dedicación. Saludos.

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