Degeneración en generación.

No es un error, por lo menos no del título de este escrito.

Lamentablemente es un sentir. Real, diario, impotente.

Es un interrogante también, con respuestas algo negativas.

Siendo positiva, es una posibilidad de lucha, que suma una guerra más a la guerra. Pero por encima de todo, es mi realidad hoy; y también ayer y también antes de ayer. Soy yo, mi mamá, mi abuela.

Escuché muchas veces que el ejemplo comienza en casa. Cómo entonces marchamos desde el cuarto a la sala, o desde el canasto de la ropa sucia hasta el lava ropas.

Cómo paramos frente a bocas con hambre; peor que bocas, mentes, cuerpitos pequeños con sed de saber y entender.

Con qué armas pintamos y rompemos interminables y crecientes listas de tareas, generalmente inconclusas.

Cómo logramos educar con valores en los que creemos, sin darnos como ejemplo, porque, cuántas somos las que podemos levantar la mano o señalarnos o mirarnos frente al espejo y ver a nuestros hijos y lo que queremos para ellos.

Géneros cada vez más degenerados. Ejemplos cada vez menos claros. Direcciones repletas de nudos, pero el canasto de la ropa sucia cada vez más lleno.

¿Qué no hacemos? ¿Qué peleamos? ¿Qué decimos y qué mostramos?

Generar géneros que degeneren. Degenerar el género que engendré. Géneros que generen generaciones que no degeneren.

¿Cuál de todos? ¿Palabras no? ¿Gritos no? ¿Silencios tampoco?

Julieta Gutman

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