El derecho a vivir con discapacidad.

A lo largo de mis casi treinta años de vida he oído decir infinidad de veces ‘trátala como a una persona normal’, y de alguna manera estaba de acuerdo en que debo ser tratada con naturalidad, más algo dentro de mí no concordaba con esa frase.

Precisamente, he descubierto que no quiero ser tratada como una persona normal, porque no soy normal, soy una Persona con Discapacidad. Muchas cosas se esconden detrás de esta frase, dedicaré esta pequeña reflexión a profundizar en ello.

En primer lugar, esta frase denota una visión negativa hacia la discapacidad indicando que se trata de una situación fuera de la normalidad y en cierto grado indeseable. Esta es una realidad que duele y cala, por ello resulta difícil reconocerla, sin embargo, sigue reflejándose en comportamientos cotidianos que denostan la discapacidad. Como sociedad necesitamos comprender que la discapacidad forma parte de la diversidad humana, y que cómo tal, aporta riqueza a ella y tiene una función que cumplir.

En segundo lugar, esta frase niega la condición de discapacidad de la persona, es decir la deja de lado como si quisiera ocultarla o negarla. La discapacidad necesita ser afirmada como condición humana que agrega valor a la persona.

Yo no quiero que me traten como a una persona ‘normal’, necesito y quiero que me traten como una Persona con Discapacidad, no en el sentido de un trato ‘especial o prioritario’, sino en el sentido de que el otro al momento de convivir conmigo tome en cuenta mis necesidades, tales como mayor atención al escucharme para poder entender, estar alerta cuando necesito ayuda, etc. En pocas palabras afirmar mi persona y hacerme sentir aceptada tal cual soy, no darme a entender que necesito cambiar para encajar.

Pondré el ejemplo de mi mejor amigo, él no me ayuda todo el tiempo, pero tiene la sensibilidad para dejarme intentar hacer las cosas y encontrar el momento de ofrecerme apoyo. Nunca me hace comentarios de remedios para mi discapacidad y, además, me impulsa a intentar cosas nuevas, pero también me advierte de forma cariñosa de riesgos que puedo enfrentar a causa de mi discapacidad y que yo en medio de mi entusiasmo no logro ver. Es decir, me hace sentir querida y aceptada con todo lo que yo soy, incluida mi discapacidad.

Este es el trato que necesito como Personas con Discapacidad, tanto de la sociedad como de mi misma. Por desgracia, a muchas Personas con Discapacidad, nos hace falta reconocer y aceptarnos a nosotros mismos como tales. Debemos romper con ese patrón, pues dificulta en gran medida nuestro desarrollo, ya que nos impone una meta inalcanzable: ser alguien que no somos.

Por ello es indispensable que tengo derecho a ser una persona con discapacidad y desarrollarme como tal en la sociedad.

Mtra. Andrea Flores Ruiz

Presidente de Familia Incluyente AC

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