¿Estamos preparados para “ayudar al adulto mayor”?

A simple vista, parece una pregunta fácil, y su respuesta igualmente sencilla. Sin embargo, es un tema de muchas aristas que merece más atención. El trato en el hogar, la alimentación, el acceso a los servicios de salud, pensiones, la infraestructura en edificios, carreteras, banquetas, etc., son sólo una muestra de lo complicado que puede ser dar una respuesta a la ligera o bien demagógica, de esas que estamos acostumbrados a escuchar con fines electorales. La “ayuda”, aunque no excluye aquella que primariamente se recibe en el hogar, no deja de cuestionar a las políticas desarrolladas por autoridades de los tres niveles de gobierno (Federal, Estatal y Municipal) en cuanto a su efectividad en el pasado, vigencia en el presente y proyección hacia el futuro.

Según estimaciones de las Naciones Unidas, entre al año 2019 y 2030 el número de personas de 60 años o más en el mundo, aumentará en un 38%, situándose su mayor crecimiento en las regiones en vías de desarrollo. Una publicación del año 2010 de la Revista SciELO – Scientific Electronic Library Online, cita textualmente lo siguiente: “México ocupa el séptimo lugar entre los países con envejecimiento acelerado en Latinoamérica. El Consejo Nacional de Población estimó que en 2006 había en el país 9,6 millones de personas de 60 años y más, que representaban el 9,3% de la población total. De acuerdo a sus proyecciones, en 2050 se estima que habrá 36 millones de Adultos Mayores, lo que representará el 28% de la población total mexicana”.

En el caso concreto de Jalisco, las proyecciones del CONAPO (Consejo Nacional de Población) publicadas en septiembre del 2018 revela que, para el 1 de Julio del año 2019, el 7.3% de la población total del estado serían adultos mayores de 65 años equivalente a 605 mil 803 personas. En el caso de la Sierra de Amula, a la cual pertenece el Municipio de Chiquilistlán, un estudio elaborado por el COEPO (Consejo Estatal de Población) muestra que a mediados del 2010 las personas mayores de 65 años representaban un 11.6% de la población total de la región y cita textualmente: “Este grupo particularmente, muestra un incremento notable en los últimos veinte años, en 1990 era apenas el 8.2 por ciento, así ha crecido en población un total de 46.5 por ciento. Este envejecimiento poblacional debe ser atendido oportunamente con políticas públicas con un enfoque integral.” (Análisis sociodemográfico COEPO, Marzo de 2011). Para el año 2015 Chiquilistlán ya se encontraba por encima del promedio estatal con un 11.96% de población mayor de 60 años, según el IIEG (Instituto de Información Estadística y Geográfica de Jalisco). De acuerdo al último censo del INEGI del año 2020, la población total de Chiquilistlán se calcula en 6,102 habitantes. Si realizamos una sencilla operación aritmética y aplicamos el 11.96% como parámetro que sugiere la COEPO, tenemos como resultado una población de aproximadamente 730 adultos mayores de 60 años. Por otra parte, el INEGI en su publicación “Conociendo Jalisco” del año 2013, revela que a nivel estatal 5 de cada 100 personas sufre algún tipo de discapacidad lo que engrosa la población objetivo para la atención prioritaria.

Tomando en cuenta la Agenda 2030 de las Naciones Unidas y el Objetivo 1 de Desarrollo Sostenible, en específico su indicador 1.3.1, se nos insta a contribuir para que las personas pobres y vulnerables estén cubiertas de alguna manera por sistemas o niveles mínimos de protección social. ¿Estamos preparados para “ayudar” al adulto mayor y hacer frente a este aumento en la población vulnerable? ¿Nos hemos puesto a pensar que, dentro de diez años, los que al día de hoy tenemos cincuenta años o más llegaremos a ser parte de esas estadísticas?

Basta con echar un vistazo a las calles mal empedradas, banquetas de casi medio metro de altura en el casco central del municipio o rancherías, la dificultad para acceder a los servicios de salud públicos, traslados costosísimos para el retiro de pensiones o atención médica, etc., para darnos cuenta de la falta de políticas concretas mínimas en favor de los adultos mayores o personas con discapacidad. Este ya no es un tema de “llenar estómagos” con sólo programas alimentarios, es un tema de dignidad humana. Contribuir a reducir la pobreza mediante el acceso en condiciones de igualdad en servicios básicos para la población vulnerable, crear oportunidades para el desarrollo de proyectos productivos que colaboren con la autosuficiencia alimentaria, ayudar a garantizar una vida sana física y mental, promover la igualdad de género y la promoción de los Derechos Humanos en estos grupos, sensibilizar a la población sobre la necesidad real que tienen los grupos vulnerables, contribuir a mejorar su calidad de vida y contar con infraestructura digna, calles y vías de acceso adecuadas a estos grupos es un asunto pendiente y una deuda que todos tenemos con este sector al que suelo llamar: “los sobrevivientes de nuestro municipio”. El éxito de una política social pública o privada no se mide en cantidades de “apoyos” entregados, ni por estadísticas sin rostro humano, como últimamente se ha vuelto costumbre. Se mide en calidad de vida, en rostros felices, en respeto a los mayores, en atención adecuada, en familias unidas, en políticas igualitarias y equitativas. José María Escrivá de Balaguer dijo que “la resistencia de una cadena se mide por su eslabón más débil”. Así, de la misma manera, una sociedad no se puede llamar fuerte o desarrollada si no presta atención a sus grupos vulnerables que seguirán siendo su eslabón más débil y una bomba de tiempo a corto plazo.


Alvaro Peña Cruz

Desarrollo Social, Grupo de Ayuda a Niños y Ancianos A. C. Chiquilistlán, Jalisco

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